DE VELO Y LANGOSTA

DVYL… O lo más cercano a mi experiencia como Cenicienta
Aunque rápidas y furiosas las semanas de estreno siempre son memorables. Este Es El Final(comedia de humor negro y bla, bla,bla… véanla) se estrenó un acogedor sábado, 25 de abril a las 7:00pm en el Teatro Santa Fe. La sala abrió sus puertas a las 7:20 y 50 minutos después, la gente salía encantada de la sala. Comentando lo bueno que era su actor conocido, lo inteligente del texto, lo cruel del chiste final y la ausencia de cierta novia que esperaban conocer.  Luego de los merecidos cumplidos y una cara no tan amistosa, la noche me deparaba otra celebración. Una boda. Como Cenicienta sin ratones ni hada madrina, pasé de mis Converse a unos tacones altos de terciopelo.

Si la parte del estreno y la boda el mismo día no expone mínimamente el caos de los días anteriores, me tomaré el atrevimiento de exponerlo yo: una semana buscando girasoles, botellas de vino, vestuario y manteles rojos, no es nada comparado con la tortura de buscar un vestido fácil de trasportar, que no se arrugue, que sea elegante y apropiado para una recepción que comenzaba a las 4 de la tarde (aunque mi llegada fuese a las 10:00pm).
Mi lista de bodas como acompañante de Sujeto 1 (para no dar nombres)no es muy larga. La primera boda, como toda primera vez, fue incomoda. Presentaciones gritadas, confusiones de nombres, guiadas a la mesa de postres; pero dentro de todo la pasamos bien, probamos cosas nuevas, cosas viejas y cosas que ni siquiera imaginábamos. Para la segunda Sujeto 1 impuso tareas simples: saludar al menos tres de sus amigos sin que ellos se acercaran a mi primero, brindar apoyo a un amigo en apuros maritales, sacar a bailar a otro amigo sin pareja y pasar desapercibida entre la fauna del County Club; tarea difícil cuando huelen que alguien va vestido de Traki.
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La tercera boda con lo amigos de tu pareja, es como la tercera cita americana. Es el momento en que se cierra el trato. Para ello iba a necesitar sacar un par de carcajadas y al menos una reflexión moral. Por eso, cada vestido que me probé esa semana, venía de la mano de un tema de conversación:
  • Vestido celeste, cinturón brillante, corte asimétrico: La sexualidad de las caricaturas de mi época.
  • Vestido café, con bordado floral dorado: la certeza y veracidad de una maracucha fitness.
  • Vestido negro, corto, de pliegues: el dilema de qué hacer si el mundo acaba mañana.
Ding, Ding Ding!
Eligiendo los accesorios iba pensando en que tono darle a la conversación. Era obvio que la pregunta venía a costa de la obra, lo que demostraba mi empeño y mi lealtad a Sujeto 1. También era una señal de vida de la publicista que llevo dentro. ¿Perlas o cadena dorada? ¿Pregunto o respondo? Luego de decidirme por las cadenas doradas y los botines rojos, fui directo a consultar con google, cuales son las respuestas más comunes a la pregunta ¿qué harías si la vida, como la conocemos, se acaba mañana?
Las respuestas eran de lo más nobles a primera vista: Viajar, tiempo en familia, sexo sin parar, experimentar con drogas, etc.  Me puso a pensar: la mayoría de esos deseos son un poco irreales. ¿Cómo viajas si el piloto de la aerolínea decidió que quiere pasar el fin del mundo en familia?¿Como pasa él el fin del mundo en familia si la esposa decide pasar sus ultimas horas con su amante?¿Cómo la satisface el amante si decidió acabar con toda la mariguana de la región y lo único que quiere es filosofar acerca de las bolsas Ziploc?. Hasta en el fin del mundo dependemos de los demás. Si me preguntan a mi, yo me quedaría en cama, tranquilita, viendo todos esos dvd’s que compré porque eran clásicos y nunca vi. ¿Qué mejor fin del mundo que ver a Forrest correr, mientras te comes una caja de bombones, sabiendo que te va a tocar?
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Forrest Gump 1994. Paramount Pictures
Menos mal el sistema de sonido era sobrehumanamente alto y no se podía conversar en la fiesta. Gracias a la deidad de turno que todos llevaban tomando desde las 4 de la tarde. Bendita sea la hora que Sujeto 1 decidió irse y llevarse con él unas mini trufas.
El domingo 26 amanecí victoriosa. Tras una semana de visitas precoces al teatro, un bajón de luces y una intervención contra la dirección, esa noche sería el primer fin de semana de una exitosa temporada, que aunque pasó por sus baches y bajones, nunca perdió sus matices.
Andrea A.
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