EL CRIMEN DEL LIMBO SENTIMENTAL

OITNB2Recientemente tuve la oportunidad de reunirme con ciertas personas que prefiero no identificar. Una tarde de vinos, con la excusa de un cumpleaños, nos reunió a varias mujeres de diferentes edades y estados civiles. Con el anochecer llegó la hora de revisar los teléfonos. Claro está, que para las adictas a sus celulares, esta fue la oportunidad perfecta de revisar sus redes sociales. Aparentemente a Sujeto1(no quiero revelar nombres, pues estas mujeres son peores que las hienas del Rey León) se encontró con una anormalidad en su Timeline. “Aghh, otra vez viene la serie de las lesbianas”. Defensora de los derechos gay y fanática por compromiso de The L Word pregunté enseguida: “¿Viene otra temporada? Ojalá maten a Jenny otra vez”. Al no entender mi comentario, en respuesta me entregaron rápidamente el aparato tecnológico macabro antisocial en cuestión -su celular- y en él vi el tweet que anunciaba la nueva temporada de Orange Is The New Black.

La serie –a la par del tema lésbico– trata de una mujer que decide ir a la cárcel por crímenes, relacionados con drogas, que cometió en su adolescencia. Entre drama y comedia la trama muestra la vida de las reclusas y los dueños de la cárcel. Sin ser mala ni buena, OITNB es una opción para pasar un sábado en la noche (la serie la dan por Netflix y no tengo idea que día la pasan). Habiendo visto las dos primeras temporadas, le explico a Sujeto1 que la serie va más allá de las relaciones homosexuales entre las reclusas. Su respuesta fue: “Una serie en una cárcel de mujeres es de lesbianas. Solo las lesbianas van presas, y si no eres lesbiana y te meten presa, te convierten”. Aparentemente su teoría es que pasar mucho tiempo en compañía de tu propio genero te vuelve homosexual… Irónicamente, esto viene de una mujer que pasó al menos 7 años de su vida en un colegio solo para mujeres. O es una ignorante, o su fuente de información es muy personal, o tenía unas copas demás.
Previniendo lo que iba a ser un discurso pacifista, humanista y pro-homosexual de mi parte, Sujeto2 intentó desviar el tema a un escándalo que hubo con Ben Affleck . Aparentemente, el señor DareBatman es un monta cachos. Esto dio pie a una hora de insultar hombres y decir que son los peores. Las casadas se quejaban de sus maridos impotentes, las divorciadas de sus ex-maridos adúlteros y las solteronas de la escasez de hombres decentes. Para sentirme relevante en la conversación, me queje de la falta de orden de Roberto (o Líder-Sultán, si quiere proteger su identidad). Di una presentación completa de sus fallas. Consentido, malcriado, terco y no friega los platos. Respuestas no faltaron. De repente, la terraza de mi casa pasó a ser el jurado del pueblo de Salem, eso si en Salem hubiesen perseguido a las mujeres en relaciones reales en vez de a las brujas.
Sujeto 4: “no te quejes”  Sujeto 3: “seguro lo malcriaste tú” Sujeto 5: “eso es que lo mandas a fregar antes de siquiera el primer bocado
Sujeto 4: “no te quejes” 
Sujeto 3: “seguro lo malcriaste tú”
Sujeto 5: “eso es que lo mandas a fregar antes de siquiera el primer bocado”
Sujeto 1:“Pero estás encantada, ya ni te vemos por tu casa. Seguro es el pobre el que cocina en esa casa”
Aunque admito que yo fui la primera de pecar de hipócrita (no tengo quejas sustanciales contra ese consentido, malcriado, terco que no friega los platos y me enamora cada día más), me pareció injusto que -por el hecho de estar en el medio entre soltera y casada- no me pudiese quejar. Que las únicas fallas a mencionar sean la celopatía, la infidelidad, el despiste masculino y los amiguitos despreciables del hombre en cuestión. Hombre es hombre, falla es falla. Que ellas se quejen de varios hombres o del hombre que han tenido por años no las hace más dueñas de la verdad.
Con media ración de torta chocolate en la boca para quedarme callada,  me puse a pensar que todas esas mujeres me juzgaban por el delito de admitir que el hombre que me va a “salvar de la soltería eterna” hace cosas que me molestan. Que viene siendo algo así como lo es usar el nombre del señor en vano para un católico. Si realmente es un crimen no cegarme por amor y admitir que la vida no tiene que ser color Rosé para ser buena, lo acepto. Soy culpable. Y más aún si mi grillete es un buen hombre que me enamora con las buenas y con las malas, mi cárcel un apartamento amueblado con aire acondicionado y mi condena es cadena perpetua…
Viéndolo de esta manera, el crimen SÍ paga.
Andrea A.
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