AGUA PASA POR MI CASA

PicsArt_1443973496831CATE DE MI CORAZÓN.

Hace unas tres semanas, más o menos, le prometí a mis cuatros lectores y a mi misma que volvería con todo. Lo que va de mes, lo único que he logrado es una portada de calendario y una nueva adicción –casi compulsiva– al orden. Está bien, mentí un poco. Esto no es exactamente el blog de ilustración de moda que tenia en mente. La verdad es que este blog es más de autoayuda. Literalmente, autoayuda. Solo me ayuda a mí. Es una manera barata y ligeramente más egocéntrica de escaparle a la locura. Funciona para mí.

La primera vez que escribí al Internet fue una burla a mi misma, a mi soledad y a lo mucho que la disfrutaba. A esa edad, mi rutina consistía en desayunar lo que mi madre preparara, vestirme con a ropa misteriosamente lavada y planchada, ser llevada a cualquier diligencia, clase o reunión del día y volver a casa –luego de haber gastado el dinero de mis padres en algún cuaderno– a comer la cena que, ¿adivinan?, me había cocinado mi mamá. Mi futuro cercano me mostraba en casa de Sam, luego de una jornada de trabajo en la agencia, contándole del sueño que tuve en donde Tilda Swinton era la madrina de mi boda con Tom Hardy.

Al igual que al aguacate que tanto le gustaba a mi abuelo, pasé de verde a madura sin que nadie se diese cuenta. Ni siquiera yo. Hoy después de ir al mercado, infartarme con los precios, cocinar todo lo que puedo adelantar para la semana, guardar y planchar ropa que –menos mal– aun lava mi madre, me siento a escribir mientras escucho un tutorial de cómo hacer tu propio bolso de manualidades.

Mi rutina, a los 25, es amanecer con un dolor en algún lado como si tuviese 90, organizar mi día en mi nueva agenda, escribir todas las cosas que tengo pendientes y llevo acumulando desde preparatorio. Para mediodía ya me siento como de 40, fuerte y eficiente me voy a la cocina a inventar que preparar que vaya bien con papas (son mi especialidad) que sea rápido, para que la casa no huela a comida cuando hay ensayo. En las noches intento manipular al Tauro para que haga la cena. Reviso mi lista de tareas y veo que ninguna ha sido realizada. Me pongo a dibujar, escribir, planear y editar cuanto pueda al mismo tiempo que me como una pasta con salsa roja llena de trozos inmensos de cebolla que paso al plato del Tauro sin que él se de cuenta y veo un episodio de Seinfeld. Dan las 12 y cuando ya los ojos se me cierran, me acuesto. Durante los próximos 15 minutos vuelvo a sentirme de 25, joven, exhausta, angustiada y enamorada.

Me doy cuenta que ya no sueño con Tom Hardy. Me encantaría decir que es por mi fidelidad al Tauro y bla, bla, bla (sí es en parte por eso), pero realmente es que Hardy ya no representa nada en mi vida. Ahora mis sueños van de las películas raras que me ponen a ver antes de dormir, de las actividades que hace cada actor, de teorías conspirativas, de calcomanías, resaltadores y cuadernos. Esta es mi vida ahora. Falta ajustarle un par de cosas, pero de momento me funciona.

Andrea A.

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