BLACK DAHLIA

PicsArt_1444925294747Con tan solo 5 episodios de House of DVF ya quiero botar todo mi closet y remplazar mi monocromático estilo por wrap dresses de estampados coloridos. Hay algo en el balance de simplicidad y exageración de los diseños de Diane Von Furstenberg que realmente me hace creer que para ser la mujer que quiero ser necesito un closet lleno de medias negras, accesorios llamativos y una colección de vestidos DVF en tonalidades rojas y violetas. La realidad es que –aunque se me vería genial– ese no es mi estilo. Mi apego al jean y mi affair con las franelas negras de algodón son mucho más fuertes que mi admiración por la elegancia colorida de la diseñadora.

Cuando Tim Gunn me presentó las diez prendas que toda mujer debería tener en su closet yo pensé: “Esto necesita una buena dosis de wiki wiki negro”. Sin embargo, y a pesar de mi odio al color blanco- el primer ítem que compre de esta lista fue la camisa blanca. Tenía una presentación de la universidad y por esos días me la pasaba con Dei, una amiga que seguí del colegio a la universidad y poco a poco logro pegarme sus colores rosas y pasteles. Dei me acompaño al callejón de las ofertas en Chacao y –sin habérmela probado– salí con una camisa digna de una empleada de casino. Odiaba esa camisa con toda mi alma. Fueron los 130 Bs peor gastados de mi vida. Desde ese día, y para la desdicha de mi abuela, decidí seguir los pasos de Amy y volver al negro.

Creo que el apego al negro viene de haber visto de joven Four Weddings And A Funeral. La comedía inglesa me presento a Fiona, una mujer soltera que solo vestía de negro y estaba enamorada de su mejor amigo. Fiona era realmente una especie de modelo a seguir: fabulosa, cínica y con sentimientos ocultos. Sin importar como termina en la película, Fiona quedó en mi adolescencia como mi primer icono de la moda. En mi época de desempleo eterno pase dos semanas tiñendo toda mi ropa vieja de negro. Desde franelas a sostenes, zapatos y chaquetas, la gran parte de mi guardarropa era negro. A lo Johnny Cash, un pantalón, blusa y chaqueta negra acompañados de lentes oscuros y cabello recogido en una cola alta era mi uniforme de entrevistas de trabajo.

Tuve una recaída con los colores estos últimos años. Ahora varío entre colores oscuros y una que otra prenda que se salvó del tinte negro. No es el closet de mi sueños, ni se acerca a serlo, pero debo admitir que al igual que amigos, tengo un grupito reducido de piezas de las que realmente estoy orgullosa y me hacen sentir bien y preciosa y toda una dama de negro.

Andrea A.

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